martes, 13 de enero de 2015

II

Respiro con pesadez, siento el aire viciado y muevo mi cuello hacía la izquierda, sonrío de lado.

-          ¿Qué pasa? – rompe el silencio y ahora él me regala una sonrisa
-          Nada, es solo el aire – susurro lentamente y me acerco
-          ¿El aire? – pregunta y deja la boca un poco abierta

Observo sus labios lo más lento, agonizante posible y ahora mi lengua está entre mis labios deseando saborearlo.
Reduzco lo que nos separa y respiro despacio, su perfume entra en mí, cierro los ojos con detenimiento. Estiro mi mano y la apoyo en su hombro, siento que son horas, solo pasaron segundos.
Su boca se encuentra con la mía, puedo sentir el sabor que tiene él y su respiración mezclándose con la mía, sus manos están en mi cintura y las mías en su nuca, intento pegarlo a mí lo más posible.
Aplico mi fuerza mínima y nos llevo a la cama de un empujón, me subo sobre él, le arranco la remera, necesito ver y sentir su cuerpo. Llevo mis besos a su cuello, lento, su piel es salada y áspera en mi lengua, bajo hasta su pecho, la piel le arde de lo caliente que está. Beso cada sector que se me ocurre mientras sus manos llegan a mi remera y se va también.
Me observa como si fuera algo pequeño y frágil, me pone nerviosa y vuelvo a su boca, quiero su sabor impregnado en la mía, me recorre la espalda, siento escalofríos en cada lugar donde me toca.

-          ¿Por qué yo? – pregunta él entre respiraciones ahogadas

Quise decirle que lo deseaba desde hace más tiempo que el que me gustaría admitir. Callo la pregunta con más besos.
Ruedo y quedo debajo de él, entierro mis uñas en el hueco que se forma entre en sus omóplatos por mantener su cuerpo suspendido con su brazos.

-          Necesito saberlo – sale más como un suspiro que como un susurro

-          Porque quiero hacer esto desde el segundo en que te vi.

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