Respiro con
pesadez, siento el aire viciado y muevo mi cuello hacía la izquierda, sonrío de
lado.
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¿Qué
pasa? – rompe el silencio y ahora él me regala una sonrisa
-
Nada,
es solo el aire – susurro lentamente y me acerco
-
¿El
aire? – pregunta y deja la boca un poco abierta
Observo sus
labios lo más lento, agonizante posible y ahora mi lengua está entre mis labios
deseando saborearlo.
Reduzco lo
que nos separa y respiro despacio, su perfume entra en mí, cierro los ojos con
detenimiento. Estiro mi mano y la apoyo en su hombro, siento que son horas,
solo pasaron segundos.
Su boca se
encuentra con la mía, puedo sentir el sabor que tiene él y su respiración mezclándose
con la mía, sus manos están en mi cintura y las mías en su nuca, intento
pegarlo a mí lo más posible.
Aplico mi
fuerza mínima y nos llevo a la cama de un empujón, me subo sobre él, le arranco
la remera, necesito ver y sentir su cuerpo. Llevo mis besos a su cuello, lento,
su piel es salada y áspera en mi lengua, bajo hasta su pecho, la piel le arde
de lo caliente que está. Beso cada sector que se me ocurre mientras sus manos llegan
a mi remera y se va también.
Me observa
como si fuera algo pequeño y frágil, me pone nerviosa y vuelvo a su boca,
quiero su sabor impregnado en la mía, me recorre la espalda, siento escalofríos
en cada lugar donde me toca.
-
¿Por
qué yo? – pregunta él entre respiraciones ahogadas
Quise
decirle que lo deseaba desde hace más tiempo que el que me gustaría admitir. Callo
la pregunta con más besos.
Ruedo y
quedo debajo de él, entierro mis uñas en el hueco que se forma entre en sus
omóplatos por mantener su cuerpo suspendido con su brazos.
-
Necesito
saberlo – sale más como un suspiro que como un susurro
-
Porque
quiero hacer esto desde el segundo en que te vi.
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