Se sienta
en silencio o cree que a eso puede llamar como silencio, está acostumbrado a
una ruidosa familia donde uno tiene que enviarle un mensaje al otro para
pedirle que venga al cuarto.
Enciende la
computadora y le da play a la misma canción que escucha cada vez que quiere
pensar, reflexionar, entenderse un poco a sí mismo. Se debate si entrar a las
redes sociales, pero… ¿Para qué? ¿Acaso le interesa lo que hace otra persona?
La respuesta es no.
Frota su
sienes lentamente con los ojos cerrados, selecciona al azar un tema de su vida
que le moleste para pensarlo, para autodestruirse, elige el mismo que hace unos
tres días, ella. Se saca la remera y se acuesta boca arriba mirando el techo,
blanco, pulcro sin imperfecciones o eso le parece de lejos, le hace recordar a
él, se parecen bastante en sí. Él siempre parece despreocupado y feliz, su
sonrisa es contagiosa, nunca le falla a sus amigos, todos lo quieren por lo que
es, por ser tan sereno, tan transparente. Pero verdaderamente si te acercas a
él, hay algo que no está del todo bien, su interior es una pequeña ruina de
decepciones que con más cosas caen pequeñas rocas que van tapando el orificio
de salida y apagan sus sonrisas.
Dan por
sentado que está bien, ¿Por qué no debería estarlo? Esa, no es la pregunta
correcta, todos tenemos miserias pero para la mayoría es difícil ver las
ajenas. Vuelve a lo que estaba, a veces divaga demasiado.
En su mente
asoma la sonrisa de ella, a veces es tan grande que ocupa toda su cara, él cree
que es eso lo que llevo a que se enamorara de ella, esa chica, es feliz;
detiene su mente en el sonido de la risa es sonora, muy es casi un estruendo,
pero le fascina porque sabe que sale de su interior que nunca sería una
mentira. Suspira pesadamente y se lleva las manos detrás de la cabeza, le
cosquillean las palmas, las mismas que hace unos días estaban en el cuerpo de
ella, tan pequeño, tan perfecto a su parecer. Sonríe aunque no lo pueda ver
nadie cree por un segundo que el perfume quedó impregnado en su almohada pero
eso no es posible, elimina el pensamiento.
¿Si le
envía un texto? Toma su teléfono y lo desbloquea, observa el fondo con una
imagen de él y su grupo de amigos en la playa, sus primeras vacaciones sin
adultos, como había esperado por eso. Ingresa a la agenda, la busca pensando
ahora en llamarla, no sabe que decirle, desiste, devuelve el teléfono a la mesa
de luz.
-
Hola, si soy yo. No puedo sacarte de mi cabeza –
le encantaría formular eso en voz alta
Le encantaría ser como el adolescente promedio que se cree
que todas están detrás de él, que no necesita enviarle un texto a ninguna. Pero
no es así, da vuelta el tema en su mente, cierra los ojos.
El cabello de ella cae a los costados del rostro de él, no
le permite ver el resto de la habitación, su respiración es entrecortada, no
sabe si hace calor o es él, en realidad si lo sabe es él. Ubica sus manos en la
espalda de ella tan pequeña que con ambas puede recorrer todo el ancho, las
baja lentamente frotando las yemas de los dedos en su piel, sus bocas no se
separan ni por un segundo, sus manos pequeñas están el rostro de él, en su
cuello. Se sienta mejor sobre el pecho y apoya su peso en sus pectorales, le
sonríe ampliamente. No lo duda, la agarra de la nuca y le planta un beso.
Vuelve en sí pestañando de a poco, su cuerpo le pasa factura
de sus recuerdos, enciende el aire acondicionado, hacía calor y también era él.
Escucha un ruido detrás de la puerta, en el pasillo supone que es uno de sus
hermanos queriendo entrar, los ignora rotundamente. No se siente con ánimos de
jugar y de responder la pregunta con la cual lo están atormentando ¿Es tu
novia? Pensé que era tu amiga. Le encantaría decirles que si y enseñarles una
foto de ellos dos juntos, riendo, besándose o solo de ellos pasando el tiempo,
pero eso no existe y nunca va a existir cosa que quedó clara.
Suspira devuelta dándole vuelta a las palabras de ella.
-
Te voy a extrañar después de tantos años de
amistad, es raro irme de acá.
Le estampo un beso en la mejilla y se fue sin más,
suspendiendo esa palabra en el aire “amistad”.
-
¿Amistad le llamas a lo que paso en mi cuarto? –
eso es lo que quería decirle, pero se lo trago y así se lastimo a sí mismo con
las palabras que nunca dijo.
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