lunes, 2 de febrero de 2015

Sábado

Las luces tenues inundan la habitación donde me encuentro, pestañeo varias veces intentando que mis pupilas se adapten a la luz, lo hacen con dificultad hasta que cada cosa logra tomar su forma.
                Sonrío con sentimiento hace tiempo que no lo hacía de esa forma, siento unas brazos que me rodean, es cálido y desconocido, pero me gustaría conocerlo, saberlo de memoria. Intento no quedarme encandilada con lo que observo, intento fallido, su sonrisa provoca una en mí automáticamente.
Huele a perfume, uno nuevo, diferente que no conocía, me gusta. Corro la cara de forma instintiva desearía no ser tan idiota de hacer eso cada vez que intentan besarme, suspiro a mis adentros y me odio a mi misma por esa acción. Me pierdo en el contexto, en la situación de fondo y me sorprendo cuando me descubro cerca de él, no porque lo haya pensando, solo porque quería hacerlo.
                Las palabras resuenan de fondo y me siento idiota por estar siendo yo misma, solo estando ahí sentada observando cómo sus pestañas forman el marco de la mirada, ojos café con convicción y decisión. No puedo dejar de pensar en la sonrisa, es maravillosamente perfecta, sincera, se hace de apoco, lento la va sintiendo en los labios, sube de apoco y asoman pequeños hoyuelos a ambos lados de su rostro, ladeo la cabeza para poder captar la esencia de la sonrisa y me encuentro sonriendo yo también porque es contagiosa.
                Intento devolver la vista al mundo exterior pero me encuentro retenida en todos los detalles, no entiendo como escapar de mi esencia detallista y ya estoy devuelta mirando. Me siento idiota por perderme en su mejilla y descubro que tres lunares forman un triangulo perfecto.
-          Me gustan tus lunares – susurro mientras extiendo una mano para tocarlo.


Se forma esa sonrisa devuelta y me quedo sin aire.
Fuiste poesía en los labios de alguien que no apreciaba la literatura.