Las luces tenues inundan la habitación donde me
encuentro, pestañeo varias veces intentando que mis pupilas se adapten a la
luz, lo hacen con dificultad hasta que cada cosa logra tomar su forma.
Sonrío con sentimiento hace
tiempo que no lo hacía de esa forma, siento unas brazos que me rodean, es
cálido y desconocido, pero me gustaría conocerlo, saberlo de memoria. Intento
no quedarme encandilada con lo que observo, intento fallido, su sonrisa provoca
una en mí automáticamente.
Huele a
perfume, uno nuevo, diferente que no conocía, me gusta. Corro la cara de forma
instintiva desearía no ser tan idiota de hacer eso cada vez que intentan
besarme, suspiro a mis adentros y me odio a mi misma por esa acción. Me pierdo
en el contexto, en la situación de fondo y me sorprendo cuando me descubro
cerca de él, no porque lo haya pensando, solo porque quería hacerlo.
Las palabras resuenan de fondo y
me siento idiota por estar siendo yo misma, solo estando ahí sentada observando
cómo sus pestañas forman el marco de la mirada, ojos café con convicción y
decisión. No puedo dejar de pensar en la sonrisa, es maravillosamente perfecta,
sincera, se hace de apoco, lento la va sintiendo en los labios, sube de apoco y
asoman pequeños hoyuelos a ambos lados de su rostro, ladeo la cabeza para poder
captar la esencia de la sonrisa y me encuentro sonriendo yo también porque es
contagiosa.
Intento devolver la vista al
mundo exterior pero me encuentro retenida en todos los detalles, no entiendo
como escapar de mi esencia detallista y ya estoy devuelta mirando. Me siento
idiota por perderme en su mejilla y descubro que tres lunares forman un
triangulo perfecto.
-
Me
gustan tus lunares – susurro mientras extiendo una mano para tocarlo.
Se forma
esa sonrisa devuelta y me quedo sin aire.
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